viernes, 28 de agosto de 2009

La profecía secreta

Había bebido la poción mágica, a mi lado sólo veía toda la vegetación.
Entre pirámides antiguas y árboles frondosos sentía la inmensa paz, sólo podía escuchar el latir de mi corazón, incluso (podría jurar) que escuchaba un canto de aquel mar a lo lejos.
Los cuatro elementos me acompañaban, comenzaba a sentir el efecto de la poción... Mis palpitaciones eran cada vez más rápidas, podía percibir un olor a humedad, los ojos me pesaban, mi cuerpo se aligeraba.
Por fin, empecé a sentir esa energía que me recorría, todas mis cavidades se llenaban, cada rincón de mi ser... Recuerdo haber mirado al cielo, no recuerdo haberlo visto tan azul como aquella vez.
Todo el panorama era como una pintura, hecha por alguien que seguramente no era pintor.
La energía comenzó a salir por mi boca, se fue creando una luz tenue que llegaba más allá de donde mis ojos podían ver.
Mi mirada seguía en el cielo, la luz se habia perdido por completo entre las nubes. Mis preguntas se habían marchado con ella, mis dudas, mis miedos, mis razones...
Ahora sólo tenía que esperar... Esperar... De pronto sentí el viento recorrer mi espalda, escuchaba a los árboles moverse, veía un sin fin de hojas de colores callendo de ellos.
El viento me abrazaba mientras susurraba las respuestas a mis preguntas.
Los Dioses me habían dicho aquel secreto mágico, habían mandado al viento para que me acompañara, para que me regresara la fe... Para decirme sólo la verdad y ayudarme a encontrar de nuevo el camino.
El viento era cálido, sentia su roce como caricias, mientras hablaba conmigo. Mis ojos se habían cerrado como si de pronto el mundo se hubiera detenido, sólo para que yo escuchara "la respuesta"... Escuchaba las holas rompiendo en algún lugar, sentía el sol y su calor en mi cara, sentía el respirar de la tierra bajo mis pies y el viento sólo repitiendo: "Ahora lo sabes... es tu turno de hacer esto una profecía verdadera"
Abrí los ojos y miré al frente. Todo estaba resuelto, ahora sólo tenía que hacerlo, crearlo, devolverlo, sentirlo, tocarlo... Tomarlo...
Di el primer paso... Y así comencé a caminar rumbo al horizonte.