domingo, 24 de mayo de 2009

Ayer me comí una uva... Fresca, dulce, suave.
Al principio me quitó el aliento, me extasiaba el sabor, sentía como derramaba su jugo por mis labios.
La uva me dió paz, hasta que llegué al centro.
El sabor cambió... Era amarga, el sabor era fuerte, sentía peste en mi boca.
Quizá me di cuenta muy tarde, pasé de la satisfacción al asco.
La uva estaba podrida, quizá tuve que escupirla antes de que me hiciera daño. Pero seguí masticando, seguí masticando por la sensación que tuve al principio.
Hoy no se si ha valido la pena, no he dejado de vomitar desde entonces y seguro que este dolor de estómago se quedrá un buen rato.

No hay comentarios:

Publicar un comentario