viernes, 6 de noviembre de 2009
16 X 13 parte 1
Su cuerpo sobre el mío, mi respirar, mi frustración, el saber que no tenía excusas.
Había decidido tomar las maletas, irme pronto, no dejar nada, hacerme a un lado, creerme...
No es que no quisiera estar más ahí, sino era el sentimiento que ataca de vez en cuando a alguien que se siente presa (en este caso víctima, aún cuando no lo es), de querer correr sin voltear de nuevo atrás.
Quería dejar de respirar por un momento por que parecía que las ideas orbitaban en mi mente al ritmo de mi corazón... y este (como te imaginarás) galopaba en un ritmo incesante.
Entraste por aquella puerta, mientras yo buscaba la forma de retirame.
Me miraste con esos ojos grandes, oscuros, en los cuales más de una vez me habría perdido... Sólo que para ese momento ya estaba perdida, en "lo mío".
Sabías que algo pasaba, pero no sabías como iba a terminar.
No se si la palabra adecuada sería "amor", creo que está sobrevalorada, sin embargo, creo que había un poco de eso en mi ser, hacia ti... Hacia nosotros.
Respiraba lento para que mis palpitaciones fueran despacio y mis pensamientos no se desboradarán de una vez.
Caminé hacia a ti, recuerdo ese beso, frío, rencoroso, con sabor a lunes de mentira.
Pronuncié un "yo". seguido por un silencio, seguido por tu gesto de desaprobación, seguido por una lágrima en mi ojo, después de tu suspiro...
"Yo"... No pude conterme, no se como llegó a mis manos esa lámpara no tan vieja que tanto había cuidado por ser un regalo... nuestro regalo... El primer regalo que me recordaba lo que era un hogar, lo que era tener a alguien, me recordaba lo bien que se veía esa habitación sólo con nosotros desnudos y la lámpara con su luz baja mirándonos, siendo cómplice de aquellas mil novecientas trece noches.
Comencé a golpearte con la lámpara en la cabeza, vi la sangre escurriendo por tu cabeza... Diesciséis golpes por cada tres secretos que había guardado, cada día trece de cada mes.
No recuerdo más... Ahora todo se está oscuro, esta noche el cielo se ve más negro que de costumbre, sólo necesito dormir y esperar... Esperar.
viernes, 28 de agosto de 2009
La profecía secreta
Entre pirámides antiguas y árboles frondosos sentía la inmensa paz, sólo podía escuchar el latir de mi corazón, incluso (podría jurar) que escuchaba un canto de aquel mar a lo lejos.
Los cuatro elementos me acompañaban, comenzaba a sentir el efecto de la poción... Mis palpitaciones eran cada vez más rápidas, podía percibir un olor a humedad, los ojos me pesaban, mi cuerpo se aligeraba.
Por fin, empecé a sentir esa energía que me recorría, todas mis cavidades se llenaban, cada rincón de mi ser... Recuerdo haber mirado al cielo, no recuerdo haberlo visto tan azul como aquella vez.
Todo el panorama era como una pintura, hecha por alguien que seguramente no era pintor.
La energía comenzó a salir por mi boca, se fue creando una luz tenue que llegaba más allá de donde mis ojos podían ver.
Mi mirada seguía en el cielo, la luz se habia perdido por completo entre las nubes. Mis preguntas se habían marchado con ella, mis dudas, mis miedos, mis razones...
Ahora sólo tenía que esperar... Esperar... De pronto sentí el viento recorrer mi espalda, escuchaba a los árboles moverse, veía un sin fin de hojas de colores callendo de ellos.
El viento me abrazaba mientras susurraba las respuestas a mis preguntas.
Los Dioses me habían dicho aquel secreto mágico, habían mandado al viento para que me acompañara, para que me regresara la fe... Para decirme sólo la verdad y ayudarme a encontrar de nuevo el camino.
El viento era cálido, sentia su roce como caricias, mientras hablaba conmigo. Mis ojos se habían cerrado como si de pronto el mundo se hubiera detenido, sólo para que yo escuchara "la respuesta"... Escuchaba las holas rompiendo en algún lugar, sentía el sol y su calor en mi cara, sentía el respirar de la tierra bajo mis pies y el viento sólo repitiendo: "Ahora lo sabes... es tu turno de hacer esto una profecía verdadera"
Abrí los ojos y miré al frente. Todo estaba resuelto, ahora sólo tenía que hacerlo, crearlo, devolverlo, sentirlo, tocarlo... Tomarlo...
Di el primer paso... Y así comencé a caminar rumbo al horizonte.
domingo, 24 de mayo de 2009
Al principio me quitó el aliento, me extasiaba el sabor, sentía como derramaba su jugo por mis labios.
La uva me dió paz, hasta que llegué al centro.
El sabor cambió... Era amarga, el sabor era fuerte, sentía peste en mi boca.
Quizá me di cuenta muy tarde, pasé de la satisfacción al asco.
La uva estaba podrida, quizá tuve que escupirla antes de que me hiciera daño. Pero seguí masticando, seguí masticando por la sensación que tuve al principio.
Hoy no se si ha valido la pena, no he dejado de vomitar desde entonces y seguro que este dolor de estómago se quedrá un buen rato.
sábado, 25 de abril de 2009
Felicidad
Recuerdo cuando me preguntaste si era feliz…
Te voy a dar una explicación de lo que fue mi felicidad contigo.
La F tendría que ser de la falta de amor y compromiso que había entre nosotros. De la fuerza que no tuvimos para hacer que esto sobreviviera. La F es por el féretro en el que llegamos a vivir.
La E es por la esperanza que murió antes que todo lo demás. Por lo efímero que fue todo esto y por tu enfermedad, esa que te hizo estar con muchas personas a la vez.
La L sería de la locura que nos faltó en nuestras vidas. De la libertad, aquella que me robaste, esa que abandoné por permanecer contigo. De aquella luna que nos vio viviendo en una mentira.
La I sería de todas las ilusiones rotas. De la indiscreción con nuestras amistades cada vez que peleábamos y de la indiferencia que llegaba a dormir a nuestra cama casi todas las noches.
La C es el compromiso que nunca entró en nuestro hogar. Es la ceguera que realmente no tuve, pero llegué a justificarla aún más de lo que justifiqué tus enfermedades. Sería de la conformidad que fue tu mejor aliada mientras estuvimos juntos.
La segunda I es por la ignorancia en la que vivía, por creer conocerte. Por la gran imitación de la amante perfecta en nuestra cama (claro cuando la indiferencia no llegaba a dormir con nosotros). Esta I tendría que ser del insomnio que hizo un mejor trabajo que tú en todas mis noches.
La D de la desesperación que sentía cuando no llegabas a dormir, cuando ni siquiera recibía una llamada tuya. Sería de los “dimes” que en realidad nunca me contaste, por que preferías mentir o quedarte callado a hablar conmigo. Por esos días que recordaré y sin embargo no los extrañaré.
La A (de esta podría escribirte miles de explicaciones) Por la abstinencia, de la cual podría decir más que de ti. Por la ambigüedad de tus palabras, necesitaba un diccionario único para poder descifrar lo que tratabas de decir. Esta A sería por aquella amargura que de verdad no me agradaba, pero se quedó bastante tiempo a mi lado. Sería por el amor… ese amor que nunca tuve el gusto de conocer, que no me pudiste presentar; que sólo fue una palabra (incluso ahora me cuesta trabajo pronunciarla).
La última D es de la desgracia que viví, pero creo que no te diste cuenta de que eras más desgraciado que yo. La decepción de ya no sentir, de ya no disfrutar, de olvidar. La D es por la daga que clavaste y te olvidaste de llevar cuando te fuiste. Por aquel daño…
Así te describo mi felicidad.
¿Para qué decirte significados etimológicos? Si te la describo a la perfección, te doy aquel significado que tú ni siquiera te preguntaste.
Claro que fui feliz, pero a tu manera, a esta descripción, a tu forma de ser, a tu significado y a mi sufrimiento.
Angie.
